Sala de prensa y Medios Blog de la GLEIF

Fomento de la identidad digital en las transacciones financieras

Parte I: Cómo puede usarse el Identificador de Personas Jurídicas (IPJ) para posibilitar un procesamiento sencillo, reforzar la lucha contra los delitos financieros y prepararse para un ecosistema de identidad digital global


Autor: Stephan Wolf

  • Fecha: 2018-10-29
  • Visualizaciones:

w-abstract-10-750x250

El actual ecosistema financiero global ha evolucionado desde sus humildes comienzos. Lo que comenzó como un sistema basado en la presencia física, los documentos manuscritos y la familiaridad interpersonal se ha convertido en un entorno global automatizado, multijurisdiccional y cada vez más digitalizado. Sin embargo, a pesar de la prevalencia de las transacciones digitales, la gestión de nombres, direcciones y otros identificadores financieros necesarios para autorizar transacciones todavía se realiza mediante procesos analógicos basados ​​en texto.

Con esta publicación, iniciamos una serie de blog en cuatro partes que se adentra en el mundo de la confianza financiera y explora cómo el Identificador de Personas Jurídicas (IPJ) puede usarse para reducir las ineficiencias globales y permitir un mejor cumplimiento regulatorio, más rápido y más rentable, dirigido a prevenir los delitos financieros.

La génesis

Lo que ahora se entiende por «el ecosistema financiero» se remonta a cientos, si no miles, de años. Entonces, las partes interesadas estaban compuestas por un pequeño número de comerciantes y banqueros que, confinados por factores geográficos y administrativos, se conocían entre sí y confiaban los unos en los otros. Su identidad se confirmaba mediante firmas manuscritas, que se consideraban marcas de reputación y autenticidad. Sobre esta base, las partes implicadas podían acordar rápidamente las reglas y los comportamientos. Aquellos que no cumplían eran identificados fácilmente y quedaban excluidos.

La era industrial aportó escala

En los albores de la era industrial se produjo la democratización de los servicios bancarios. Los bancos necesitaban desarrollar redes de sucursales para permitir el establecimiento de relaciones locales de confianza a escala. Las firmas físicas continuaron siendo confirmaciones de la confianza, y los bancos comenzaron a depender de las interacciones personales con los clientes para profundizar en sus evaluaciones de los mismos. Solo un número limitado de empresas requerían transacciones financieras internacionales. Los servicios postales se utilizaron ampliamente para intercambiar documentación fiable y, más recientemente, se adoptaron las tecnologías de fax, télex y otras comunicaciones electrónicas, lo que posibilitó una era de «intercambio electrónico de datos». Si bien también se introdujeron otras formas de identificación y autenticación de documentos, las firmas manuscritas siguieron siendo el principal modo de confirmar la confianza y proporcionar una identificación vinculante a nivel legal.

Transformación digital

La revolución digital ha cambiado todo. Las tecnologías digitales han posibilitado una verdadera globalización, permitiendo conexiones instantáneas entre sistemas bancarios a través de fronteras geográficas y apoyando el inicio de transacciones desde una amplia gama de dispositivos electrónicos.

La banca digital está cambiando permanentemente las relaciones de los bancos con los clientes y facilitando el acceso a los servicios financieros como nunca. Además, la globalización de las transacciones financieras ha provocado el desarrollo de un ecosistema financiero en el que las transacciones entre jurisdicciones se han multiplicado. Esto está generando una mayor demanda de un ecosistema financiero que sea más rápido, flexible y ágil.

El desafío de la identidad digital

La transformación digital también requiere que las partes interesadas aborden nuevos desafíos relacionados con la gestión de la confianza y la identidad entre las partes que realizan transacciones. Una transacción financiera es una transferencia de recursos entre dos puntos o entidades finales: el propietario original de los recursos y la entidad receptora. El control de este flujo financiero se basa en dos elementos esenciales:

  1. Las identidades conocidas de la fuente (propietario original) y el destino (la entidad receptora).
  2. La naturaleza precisa de la transacción y el proceso para su ejecución (la obligación subyacente y el flujo de información requerido para efectuar la transacción).

La adopción de tecnologías que facilitan las transacciones digitales ha creado un desequilibrio en el ecosistema, ya que los procesos utilizados para identificar a las partes que realizan transacciones aún dependen de nombres, imprecisas técnicas de procesamiento de textos e intervención manual. Por ejemplo, en las transacciones de pagos, el propietario original y la entidad receptora pueden identificarse mediante un número de cuenta y un nombre, ninguno de los cuales son identificadores únicos que permitirían una comunicación eficiente con otros bancos involucrados en la transacción. Esto significa que las transacciones digitales se ven obstaculizadas porque las partes no pueden ejecutar los elementos analógicos con la misma velocidad, seguridad y rentabilidad.

Este desequilibrio no solo perjudica la experiencia del usuario de la transacción y los costes de procesamiento, sino que también expone las oportunidades para que los estafadores exploten el sistema.

Los bancos son responsables de controlar los flujos financieros entre las entidades en el ecosistema y lo hacen de acuerdo con las listas de vigilancia de las entidades sancionadas publicadas por las autoridades de supervisión financiera. Los bancos analizan sus transacciones para encontrar nombres de entidades sancionadas con el fin de mitigar las transacciones fraudulentas y otras operaciones ilícitas. El hecho de que esto siga siendo un proceso analógico y basado en texto significa que el control de los datos es bajo, las alertas falsas son frecuentes y abundan las oportunidades para cometer errores. En consecuencia, los controles regulatorios se han vuelto cada vez más estrictos y ahora a menudo requieren que los bancos obtengan datos adicionales y enriquecidos antes de que puedan autorizar una transacción. A su vez, los costes de cumplimiento regulatorio han aumentado sustancialmente y la eficiencia en las transacciones financieras se ha reducido.

El IPJ: Reducción de la brecha de cumplimiento regulatorio

El continuado uso de tecnologías obsoletas para operar y regular las transacciones financieras globales conlleva el riesgo de crear una «brecha de cumplimiento regulatorio», puesto que estas tecnologías ya no son aptas para la lucha contra la delincuencia financiera moderna. La confianza en las metodologías implementadas en el mundo físico, por lo tanto, contrarresta los esfuerzos para aumentar la transparencia y la seguridad en el mercado global, al tiempo que exacerba las ineficiencias y el perjuicio comercial.

En cualquier transacción financiera, el propietario del recurso inicial, la entidad receptora y todos los agentes intermediarios deben identificarse sin ambigüedades a lo largo de sus intercambios de información, de modo que cada una de las identidades pueda verificarse. En el caso de las personas jurídicas, esto puede lograrse ahora utilizando el IPJ, un estándar habilitador que, cuando se adopte universalmente, promete aportar la eficiencia necesaria al ecosistema de transacciones financieras digitales.

En publicaciones posteriores, exploraremos cómo puede implementarse el IPJ para satisfacer estos requisitos, reducir la brecha de cumplimiento regulatorio y reequilibrar las tecnologías operativas y regulatorias que sustentan esta era financiera digital, permitiendo un cumplimiento regulatorio mejor, más rápido y más rentable para todas las partes interesadas. En concreto, analizaremos cómo puede usarse el IPJ para posibilitar un procesamiento sencillo, reforzar la lucha contra los delitos financieros y prepararse para un ecosistema de identidad digital global.

Blog y Foro de Debate de la GLEIF

Si desea realizar un comentario sobre una publicación del blog, visite el blog en lengua inglesa. Identifíquese con su nombre y apellidos. Su nombre aparecerá junto a su comentario. No se publicarán las direcciones de correo electrónico. Tenga en cuenta que, mediante su acceso al foro de debate o su contribución en él, acuerda cumplir los términos de las Directrices sobre los blogs de la GLEIF, por lo que le pedimos que los lea detenidamente.



Lea todas las publicaciones del blog de la GLEIF
Sobre el autor:

Stephan Wolf es el Director General de la Global Legal Entity Identifier Foundation (GLEIF). Desde enero de 2017, el Sr. Wolf es uno de los coordinadores del grupo de asesoramiento técnico de Fintech formado por el comité técnico ISO/TC 68 (ISO TC 68 FinTech TAG) de la Organización Internacional de Normalización. En enero de 2017, el Sr. Wolf fue designado uno de los 100 Líderes en Identidad por One World Identity. Tiene una amplia experiencia en el establecimiento de operaciones de datos y en estrategia de implantación global. A lo largo de su carrera ha contribuido al avance de estrategias clave de desarrollo de productos y empresas. El Sr. Wolf cofundó IS Innovative Software GmbH en 1989 y trabajó como su primer director general. Más tarde, fue nombrado portavoz del consejo ejecutivo de su sucesora IS.Teledata AG. Finalmente, esta empresa pasó a formar parte de Interactive Data Corporation en la que el Sr. Wolf ocupó el puesto de Director Técnico.


Etiquetas para este artículo:
Gestión de Relaciones con Clientes, Cumplimiento, Gestión de Datos, Identidad digital, Conozca a su cliente (KYC), Datos Abiertos, Gestión de Riesgos, Regulación, Estándares